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DETECCIÓN DE LOS RIESGOS MATERNOS PERINATALES EN LA ETIOLOGÍA DE LOS TRASTORNOS GENERALIZADOS DEL DESARROLLO.Autor: LÓPEZ GÓMEZ SANTIGO. Año: 2004. Universidad: SANTIAGO DE COMPOSTELA [ www.usc.es]. Centro de lectura: FACULTAD DE PSICOLOGÍA. Centro de realización: FACULTAD DE PSICOLOGIA , UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA. Resumen: En el presente estudio se investigó el impacto que tienen las complicaciones perinatales en el proceso de desarrollo y la relación de estas complicaciones en la génesis delos trastornos generalizados del desarrollo -TGD-. Los trastornos generalizados del desarrollo hacen referencia a un conjunto de trastornos del desarrollo neuropsicológico de etiología desconocida cuya prevalencia , según estudios recientes, se está multiplicando de manera alarmante.Se describen como síndromes complejos, con múltiples causas y manifestaciones graves y heterogéneas, que se observan en tres áreas principales: 1) alteraciones en la interación social,2)alteraciones en el lenguaje y la comunicación y 3)patrones de comportamiento , rutinas o,intereses restringidos y esterotipados. Investigaciones previas en este campo han intentado delimitar la etiología de los TGD y del trastorno autista en particular , valorndo la incidencia y la contribución de las complicaciones perinatales.En la actualidad, se señala, con gran controversia y desde una amplitud de teorías, a un grupo de factores de riesgo de naturaleza biológica,todavía desconocida , que según se manera de actuar pueden contribuir a la génesis los TGD.Los riesgos perinatales, parecen estar implicados en distintas alteraciones y acentuar el potencial adverso de otros factores preexistentes -contextuales , genéticos, biológicos, etc, o bienn actuar con autonomía suficiente para determinar distintos trastornos, entre ellos, se considera el autismo y los TGD. Las madres de niños con TGD (n=94)completaron el cuestionario Materno de Riesgo Perinatal (CMRP), un autoinforme que estudia las complicaciones maternas durante el periodo gestacional.El cuestionario contempla seis dimensiones de riesgo:pregestacional,perigestacional, inraparto, neonatal ,psicosocial y sociodemográfica, a través de las cuales se valoró la presencia de riesgos perigestacionales.Un grupo de madres (N=165)fye utilizado como grupo control. El análisis de los datos reveló diferencias significativas entre los grupos, tanto al comparar el grupo experimental frente al grupo control, como al centrarse en los tipos de TGD que componiam la muestra del grupo experimental -trastornos de Asperger y TGD no demensiones estudiadas.El proceso gestacional de estas madres mostró , asimismo , un carácter más unitario, en su valoración conjunta , que cuando se comparó con el grupo control. El marco psicoeducativo y los modelos de prevención y promoción de la salud nos permite , en función de los resultados hallados , planificar estrategias que , partiendo del conocimiento de la realidad del desarrollo perinatal, contribuyan a la optimización del mismo , frente a los TGD en particular y en otras alteraciones del desarrollo en general.
LA EFICACIA DE LSO PROGRAMAS DE ATENCIÓN TEMPRANA EN NIÑOS DE RIESGO BIOLÓGICO. ESTUDIO SOBRE LSO EFECTOS DE UN PROGRAMA DE ATENCIÓN TEMPRANA EN NIÑOS PREMATUROS EN SU PRIMER AÑO DE VIDA.Autor: SÁNCHEZ CARAVACA JUAN. Año: 2005. Universidad: MURCIA [ www.um.es]. Centro de lectura: FACULTAD DE PSICOLOGIA. Centro de realización: FACULTAD DE PSICOLOGÍA. Resumen: Objetivo: La prematuridad es un factor de riesgo poco específico, cuya constante es el nacimiento con menos de 36 semanas de gestación, que tiene una gran variabilidad de efectos y manifestaciones sobre el desarrollo posterior del niño, físicas, mentales o conductuales y, sobre todo, es una condición que cada vez más afecta a un mayor número de niños. Este trabajo tiene como objetivo analizar cómo este biológico de la prematuridad puede afectar al desarrollo mental y motor de los niños prematuros, cómo y cuánto la intervención temprana que se lleve a cabo con ellos puede mejorar o atenuar los efectos negativos que dicho riesgo biológico tiene sobre estos niños, y cómo la implicación de las familias en dichos programas puede ayudar a dicha mejora. Método: Para llevar a cabo el estudio se ha dispuesto de un grupo de control, de 70 niños nacidos a término, y de un grupo experimental, de 46 niños nacidos prematuros entre noviembre de 2000 y octubre de 2002. Ambos grupos tenían unas características socio-demográficas similares. Los instrumentos utilizados para obtener los datos fueron: la Escala de Desarrollo Infantil de Bayley ( 1993); la versión corta del Índice de Estrés Parental (Abidin, 1995; versión española de 2001); y el Perinatal Risk Inventory (Scheiner y Sexton, 1991). Una vez evaluados los niños, con la presencia en todo momento de los padres, se asignaba una de tres condiciones de intervención: nivel 1, denominado informativo y de apoyo; nivel 2, de orientaciones escritas; y nivel 3, de derivación a centro de tratamiento especializado. Para conocer el potencial efecto de mejora que tenían los programas de atención temprana de forma individual en los diferentes momentos temporales, se utilizó una fórmula denominada "variable progreso". Resultados: A partir de tres hipótesis generales se han desarrollado y analizado un total de ocho hipótesis operativas. En la primera hipótesis general obtuvimos como resultados que la prematuridad, o la puntuación en el test de Apgar, por sí solas no mostraban una relación significativa con los niveles de los niños a los 12 meses. Por el contrario, un EEG alterado, los hallazgos en el SNC sin vuelta a la normalidad al alta, y otros problemas asociados, no del SNC, persistentes al alta en el hospital, sí la tenían. Para evaluar globalmente el riesgo biológico de los niños se seleccionó la Perinatal Risk Inventory (Scheiner y Sexton, 1991). Esta prueba permitió graduar a los niños en tres niveles de riesgo: Bajo, Moderado y Alto, y permitió comprobar cómo en la escala Mental, los niños de riesgo Moderado mostraban diferencias clínicamente significativas solo a los 12 meses, mientras que los niños de Alto Riesgo las presentaban a los 6 y a los 12 meses; en la escala Motora los resultados de los niños de Alto y Moderado Riesgo se encontraban desde los 6 meses por debajo de lo clínicamente esperable para su edad. A continuación se estudió cuáles de las 18 variables del Inventario de Riesgo Perinatal tuvo un mayor peso para pronosticar la puntuación total. Para nuestra muestra, las tres variables con mayor fuerza predictora resultaron ser: las "hemorragias ventriculares"; "otros problemas asociados, no del sistema nervioso Central, persistentes al alta hospitalaria"; y "las infecciones congénitas". El escaso tamaño muestral no permite extrapolar estos resultados. En la segunda hipótesis general se comprobó que existían diferencias significativas entre el grupo de control y el experimental en los tres momentos de medida. Cuando se analizan los resultados con la "variable progreso" se encontró que, en el progreso mental, aunque la diferencia en 8 tre grup 1634 os aumenta a los 6 meses, a los 12 meses se aprecia una tendencia de los prematuros a converger con los niños nacidos a término. Sin embargo, en el progreso motor, que parece ir más en línea en ambos grupos durante los primeros 6 meses, a los 12 la tendencia es divergente, y, de hecho, los niños prematuros, como grupo, no tienden a aproximar su progreso al otro grupo. Estos datos mostraban que la biología parece afectar más a los aspectos motores que a los mentales entre el mes y los 12 meses. También se observó que entre el nivel de tratamiento asignado a los niños y su nivel de riesgo biológico existía una relación directa, y que el riesgo condicionó el tratamiento. Finalmente se vio que, en la muestra de niños prematuros, el nivel de riesgo y el tipo de intervención aplicada condicionaba el progreso metal y psicomotor de los niños a los 12 meses. Los diferentes resultados en las escalas parecieron indicar dos hallazgos: Por un lado, que la evolución o mejora en el progreso mental parece verse condicionada por el tipo de tratamiento, pero no por el nivel de riesgo. Por otro, que, en ausencia de otros problemas, el desarrollo motor de los niños nacidos prematuros es similar al de los niños nacidos a término. Ello confirmaría que el área motora estaría más condicionada por las variables biológicas (y, en términos comparativos, sería, por tanto, menos sensible a la intervención llevada a cabo) que el área mental. En la tercera hipótesis se comprobó que el estrés total de las madres de los niños nacidos prematuros siempre fue más alto que el de las madres de los niños nacidos a término, aunque a los 12 meses se producía un acercamiento evidente entre los niveles totales de cada grupo, posiblemente efecto de la intervención llevada a cabo. Cuando se analizaron las diferencias entre el tipo de estrés de cada grupo de madres se vio que, mientras en el grupo de madres de control su estructura siempre era la misma, variaba en el experimental. Las diferencias parecieron mostrar que explicar y ayudar a las madres de los niños prematuros a entender las conductas de sus hijos, conduciría a reducir su estrés y a normalizarlo: por un lado ayudándoles a aceptar al niño y mejorar sus interacciones; y, por otro, evitando que se sientan particularmente incapaces de controlar las conductas de sus hijos. Al analizar cómo el estrés materno afectaba a los resultados de los niños se observaron diferencias significativas al mes, pero no a los 12 meses. Por otro lado, la encuesta aplicada para intentar suplir la pérdida de datos del grupo de madres de prematuros mostró que las curvas de recuerdo del estrés de madres y padres era muy diferente, pero, sobre todo, permitió comprobar que una información a posteriori de los padres no serviría para suplir la información contemporánea con los hechos de esa situación emocional que se quiere evaluar. Conclusiones: los niños prematuros suelen presentar un riesgo de retraso en su desarrollo en función de su grado de alteración biológica, y como grupo, incluso en los casos sin patologías asociadas, tienen unos resultados peores que los niños nacidos a término, al menos durante el primer año de vida. Podemos afirmar que el Perinatal Risk Inventory (Scheiner y Sexton, 1991) es un instrumento útil para conocer de forma objetiva el grado de riesgo global que presenta un niño por razones de tipo biológico perinatal. Atender a los factores biológicos, que no siempre predicen los resultados del niño, permitirá apoyar de una manera más directa a los aspectos del desarrollo estrechamente relacionadas con la maduración biológica, como el área motora. Además, parecen existir una serie de variables ambientales decisivas, sobre todo familiares, que afectarían a las condiciones de crianza y de estimulación ambiental hacia el niño, por lo que los resultados de éste se verían significativamente mejorados en los casos en que la intervención puede prestar una atención más directa sobre el entorno familiar de crianza y los niveles de estrés parentales. Por ello, es preciso identificar e intervenir sobre el estrés parental lo antes posible, mediante medidas de apoyo y cuidados psicológicos destinados especialmente a la madre. Dicho apoyo influirá directamente sobre el bienestar emocional de la madre, y, de forma indirecta, sobre el desarrollo del niño. Hemos podido confirmar que entre los 6 y los 12 meses de edad corregida, el niño prematuro parece presentar un enlentecimiento y unas discontinuidades en el desarrollo, sobre todo motor. Estas intermitencias, especialmente durante el primer año, son compartidas por el niño nacido a término, pero se acentúan por la presencia de retrasos o disfunciones en el desarrollo cerebral temprano, como ocurre en el caso de los niños nacidos pretérmino. Finalmente, concluimos que, mediante el modelo de intervención que se desarrolla en los EATs, se puede proporcionar una atención globalizada a los niños y a sus familias y lograr un nivel de efectos adecuado, si bien dichos efectos no pueden ser apreciados en el corto plazo de un año.
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